Nara, Jhon, Payan y Ruiz bien libraron la batalla con cañonazos de sabor

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Los comandantes Luis Nara, Jhon Villaseñor, Diana Payan y Gabriela Ruiz llevaron a la tropa de cocineros por el buen sendero del triunfo al conquistar poco más de 600 bocas en la comida de clausura “Con sabor a batallas” en Celaya, Guanajuato.

Con la ex hacienda de la Troje como sede, la ambientación, decoración y demás elementos que formaron parte de esta comida de clausura, conquistó a chicos y grandes con sus platillos.

Para comenzar, nada mejor que un quesito tabasqueño, ese encerado con toques salados acompañado de verduras encurtidas sobre tablas del “eden de México” para dar la bienvenida. Y en tema de bebidas, aguas en cantaritos de barro: de pepino, Jamaica, guayaba y limón. Para los que tomaron el domingo del día del padre a festejar en ese rincón celayanse, tuvieron tequila y mezcal guanajuatense para brindar a su llegada.

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Para el maridaje, hubo vino de mesa y cerveza artesanal, por si no era suficiente el mezcal y el tequila.

El ambiente revolucionarios se sentía en cada rincón, el menú no sería la excepción.

La entrada fue a cargo del Chef Jhon Villaseñor, “carne de cañón”, que fue un tartar de res sobre láminas de betabel; cuidadosamente detallado con una mayonesa picante y una rodajita de chile serrano, sólo para dar sabor. Cada trozo de carne estuvo marinado y en su punto.

La sopa fue del Chef Luis Nara; el chicharrón de cerdo en un caldo de tomatillo con un sabor sin igual; de las consentidas de los comensales. Simplemente deliciosa.

La chef Diana Payán nos dio dos opciones: comer rico o comer delicioso (que no es lo mismo). El plato fuerte corrió a su cargo y fue un mixiote de chamorro con papas locas y nopalitos. La opción de comer rico era sólo el mixiote, la de comer delicioso fue el mixiote con la salsa borracha de mezcal de la sierra.

Como postre celayense fue un pastel de tres leches de cajeta con helado de macadamia y como ambientación obleas y frambuesas.

Como postre tabasqueño disfrutamos de un falso brownie de chocolate con crema de naranja y unos gajos en conserva de la misma fruta cítrica; ambos ingredientes oriundos del Edén de México.

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Como el tiempo de la revolución dictaba que las familias se reunian a comer, las mesas fueron largas con bancos para que nos sentáramos a degustar de los platillos como una gran familia.

El mariachi y la banda no podían faltar, sin contar las tortillas hechas a manos de palmas de las cocineras tradicionales de Comonfort y Celaya.

Sin duda, cerrar cualquier evento es una enorme responsabilidad, pero estos chef´s, la aceptaron con gran honor, como soldados a la patria.

De mis eventos favoritos en esta Cumbre Gastronómica, en definitiva. La organización, el servicio, los consumibles y más, estuvieron a tiempo y en su lugar.