Vive un San Miguel distinto, en el Charco del Ingenio

La primera vez que visité el Charco del Ingenio, casi no me fijé en la surtida boutique que te recibe con artesanías y productos naturales…Tampoco reparé demasiado en la cafetería, que ofrece ricos jugos naturales y comida sencilla pero deliciosa. No quise sentarme en su área de descanso a contemplar el paisaje. No.

Antes llamó mi atención la nutrida vegetación y el esmero que se nota han depositado en organizar y presentar en forma de completo e informado jardín botánico. Las veredas te invitan a explorar y a respirar ese aire prístino que silba desde el fondo del arroyo y que lleva a mis oídos esa curiosa combinación de agua que corre y viento.

El enorme terreno en las laderas de una impresionante cañada se surca de firmes, aunque estrechos, caminos de tierra y escalones de piedra rodeados de la más extraordinaria vegetación desértica: órganos, biznagas, nopales, agaves y unos cactus de lo más curiosos que les llaman “viejitos”; y si, eso parecen.

La cañada profunda y desafiante hace vértigo en el estómago cuando te asomas por cualquiera de los bordes, las paredes y cantiles evidencian la aventura de algunos escaladores profesionales, aunque por ahora no se permite realizar dicho deporte. Sin embargo, el camino avanza y te lleva por el borde, se interna y se pierde el vértigo, pero continúa la emoción de descubrir más paisajes y más vegetación, que cambia a todo lo largo del camino.

Si te apartas y exploras un poco, encontrarás una presa pequeña pero repleta de patos y garzas. Una instalación hidráulica que parece de la época de la conquista. Me cuentan que hay hasta evidencias de la cultura indígena que por aquí habitaba antes de que fuera fundado el pueblo original: San Miguel El Grande.

Pues sucede que éste lugar no es sólo un terreno de aventura: Es un área protegida, auspiciada por un interesante proyecto de conservación de la vegetación y la fauna que puebla sus aguas y árboles. Tienen algunas reglas importantes para la preservación de ésta gran obra: No se puede fumar ni llevar mascotas. Es un lugar para ejercitarte y caminar o correr un poco. Para admirar los atardeceres y perderte en su silencio. Para encontrarte contigo mismo y explorar tu espíritu.

Y es que también el proyecto ha integrado actividades como temazcales, ceremonias de la Luna Llena, pláticas, conciertos, cursos de verano y fiestas locales, como La Fiesta de La Santa Cruz del Charco del Ingenio. Hay para todas las edades. Es un gran lugar con gente de calidad que trabaja para hacer de tu visita toda una experiencia.

Lo que más me gustó fue la tranquilidad que se siente en el lugar. El silencio sólo interrumpido por las aves que vuelan por encima de la cañada. El aire transparente. No me sorprende que el Dalai Lama lo haya consagrado como una de las cinco “Zonas de Paz” en el país. El ambiente te invita a comunicarte contigo mismo y con los demás.

En las casi afueras de San Miguel de Allende, El Charco del Ingenio abre todos los días del amanecer a la puesta del sol, aunque sus instalaciones como la cafetería sólo de 9 a 6 de la tarde.

La entrada cuesta $40 y los niños menores de 10 años no pagan. Es un punto turístico obligado para quienes quieren conocer a profundidad San Miguel de Allende.

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