En 2020 el mundo se detuvo, la pandemia por COVID 19 hizo a la industria turística detenerse, algo que nunca nos hubiéramos imaginado.
En 2026, en víspera de las mismas fechas, la otra pandemia está comenzando a infiltrarse: la violencia.
Esta otra pandemia no necesitó de una fecha en el calendario ni de un corte de actividades tajante, solo de mucha publicidad orgánica.
Ni siquiera voy a entrar en temas de si son ciertas o no las noticias, videos con o sin inteligencia artificial, solo voy a centrarme en lo que mantiene viva la industria: las ventas.
Para el lunes 23 de febrero, las cancelaciones comenzaron a marcarse en los registros de hoteles, transportistas y touroperadores, por lo menos, en dos municipios del estado de Guanajuato: León y Guanajuato Capital.
Lo peor, es que no es la primera vez que escuchan estos motivos, cada que los miembros del crimen organizado deciden incendiar vehículos y demás actividades para mostrar su presencia, los que siempre pierden, además de la población y personal de rescate involucrados, son los integrantes del sector turismo.
Cuando el COVID-19 se intensificó, los primeros en cerrar fue la cadena de turismo; cuando la violencia se intensifica, los primeros en quedar vacíos son los establecimientos de la cadena de turismo; no será un secreto quienes serán los últimos en recuperarse de las malas rachas económicas.
Ni todos los esfuerzos inmediatos de promoción del destino podrán cortar de tajo la campaña de desprestigio que circuló por la web, con la misma rapidez que se quema un polvorín.
Bueno y ¿qué sigue? Seguimos en espera de un milagro.

