Conoce a Los guardianes del Usumacinta en Palenque

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Denominada la puerta al mundo Maya, Palenque, en Chiapas, se ha logrado posicionar como uno de los destinos más solicitados por los turistas extranjeros y nacionales, principalmente por la belleza del lugar, así como la conectividad que existe a partir del nuevo aeropuerto internacional.

Parte de este crecimiento integral turístico contempla las bellezas naturales de Palenque como las acrópolis en la selva, la flora y fauna silvestre, y el esplendor del río Usumacinta, que a su paso recorre cantidad de sitios arqueológicos que hoy son conocidos como Los guardianes del Usumacinta.

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Considerada una de las ciudades más poderosas del periodo clásico o teocrático Maya debido al desarrollo económico, social, cultural y religioso, Palenque posee un maravilloso pasado milenario y un acervo arquitectónico y escultórico que ha logrado interesar y cautivar a cantidad de arqueólogos, historiadores e investigadores. Erigida en el siglo XVI por el fraile Pedro Lorenzo, quien integró a las familias choles diseminadas en la Selva Lacandona, Palenque fue conocida en sus inicios bajo el nombre de Otolum, o “Tierra de Casas Fuertes”, mismo que fue traducido por el fraile a “Palenque”, derivado del catalán palenc, que significa fortificación.

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Hoy en día es un profundo suspiro de la grandeza de la cultura maya, en su haber cuenta con lugares obligados para el visitante como el Museo de Sitio, que es notable por el gran acervo de piezas procedentes de las entrañas de las zonas arqueológicas del lugar, expresiones de barro y piedra caliza que reflejan la sensibilidad y magnificencia de sus ancestrales creadores; Por su parte la Plaza del Artesano es el lugar por excelencia donde el talento de los chiapanecos brilla a través de la elaboración de piezas de ámbar, jade, piedra fósil, piedra caliza, y ropa de manta y pirograbado.

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Denominados Los guardianes del Usumacinta, alrededor de la bella Palenque existen diversos lugares arqueológicos que a través de los años han custodiado celosamente el rio más caudaloso de México y Centroamérica, el Usumacinta. Estos sitios arquitectónicamente espectaculares habitan y conviven con la Selva Lacandona;  Yaxchilán es un claro ejemplo, muestra el apogeo del periodo teocrático maya, entre sus paredes se encontraron textos, estelas, altares, y dinteles, que narran conflictos bélicos y representaciones de gobernantes; Bonampak por su parte pertenece a la cuenca del Usumacinta y sus estructuras pertenecen a los años 580 y 800, y dentro de ellas se encontraron los increíbles murales que representan procesiones, orquestas de músicos, sacrificios humanos, danzas, e incluso autoflagelaciones que practicaban en la antigua Mesoamérica.

La zona de Pomoná en Tenosique, Tabasco, también es un lugar obligado donde habitan cantidad de manadas de monos saraguatos, jaguares, y un sinnúmero de aves endémicas que convergen con este antiguo punto de control de los valles del Usumacinta.

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