¿Cómo hacer viajes largos con niños? El Jet Lag y sus efectos

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El jet lag no sólo afecta de forma negativa la experiencia de viaje, estudios científicos han demostrado que incluso puede acortar la vida. Pero ¿cómo afecta a los pequeños? La doctora Elisa Sacal respondió algunas dudas.

La doctora Elisa Sacal es sleep coach infantil y directora del Family Sleep Institute para América Latina y España, por lo que compartió los  mejores consejos para manejar el jet lag en niños, de una manera sencilla  y disfrutar los viajes en familia.

Viajar a destinos con distintas zonas horarias implicará un desajuste en el cuerpo. No importa si son una o doce horas de diferencia, en todos los casos ocurre una asincronía entre el reloj biológico interno y el horario del nuevo destino.

Los efectos del jet lag son diversos y van más allá de la somnolencia diurna o sensación de estar en extremo agotados durante el día.

Van desde problemas para conciliar y mantener el sueño, pérdida de memoria y concentración, alteraciones digestivas como estreñimiento, distensión abdominal, entre otros.

El más característico en los niños es la fragilidad emocional, es decir, irritabilidad máxima por estar cansados.

“Recientemente, fui a una ciudad en donde el sol sale más temprano que en mi lugar de residencia. Como consecuencia, mis hijos comenzaron a despertar una hora y media antes de lo habitual, con un cansancio notable durante el día. Así que estuve viviendo una situación de jet lag muy leve con ellos.

Una cortina blackout portátil –que ya es un básico en mis viajes– solucionó el problema. Eso aunado a la gran ventaja que poseen los pequeños. Contrario a lo que pudiera pensarse, los niños se adaptan mucho más rápido al cambio de horario que los adultos.

A lo largo de la vida segregamos melatonina, la hormona encargada de inducir el sueño y que requiere de la oscuridad para su aparición. Y sucede que durante la niñez se producen las cantidades más altas” dijo Elisa.

Por lo que te compartimos algunos tips para sobrellevarlo

PREVIO AL VIAJE

Procura que tengan un muy buen sueño la semana anterior al viaje. Esto significa hacer los periodos de siesta acostumbrados y acostarse a tiempo. Será sencillo si tienen una rutina de sueño bien establecida.

Es importante analizar qué elementos conforman dicha rutina. En la medida de lo posible, llévalos al viaje. Por ejemplo, si utilizas un cuento, una pijama, un saco de dormir o una canción, será más fácil adaptarse a los cambios reconociendo los detonadores que anticipan el momento de sueño.

Elige horarios de viaje en donde naturalmente el niño no estaría durmiendo. De no hacerlo, corres el riesgo de que no logren hacer la siesta y tanto el viaje como el tiempo posterior a la llegada serán complicados.

DURANTE EL VIAJE 

Relájate. Como padres es esencial guardar la calma y evitar el estrés. Debemos estar conscientes de que toda esa ansiedad se transmite. También ayudará mantenerlos bien hidratados y hacer un periodo de descanso antes de subir al avión.

En caso de vuelos nocturnos, trata de imitar la rutina de sueño con los elementos que elegiste llevar contigo.

EN EL DESTINO

Conserva los hábitos. Despiértalos y haz que coman a la hora habitual. Puede ser difícil, pero es lo que realmente ayudará a sincronizar el reloj biológico interno de una forma más fácil y rápida.

La luz solar será tu aliada. Pueden recibirla unos 30 minutos cerca de la hora de despertar y antes de las nueve de la mañana. Activará su sistema y les permitirá estar alertas. Para los adultos, hacer ejercicio también ayudará.

Hay ciudades en las que el sol no es un buen indicador –sale muy temprano o muy tarde–. Un reloj despertador para niños puede ser útil. Funcionan con luces programables que indican el momento de acostarse o levantarse de la cama.

A la mitad del día, entre las doce y la una de la tarde, procura que realicen una actividad tranquila. Tomar una siesta, armar un rompecabezas, pintar o cualquier actividad relajante que ayude a recargar energía para el resto del día.

NO A LA MELATONINA

Recuerda que la melatonina es una hormona y puede afectar el funcionamiento de otras partes del cuerpo. Además, los productos que la contienen no siempre están regulados. No conocemos realmente sus efectos a largo plazo, por lo que debemos evitar su consumo en niños.

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